En La Moral Insurrecta de José Saramago
se quedó para siempre el desleído tesoro
que el mundo prefiere,
se pasa de mano en mano
como antojo de madre recién parida
cuando llega el otoño.
Aquí
entre la cortina incolora del tiempo
no sé qué pienso o qué soy...
Ya Cantar Quisiera
Siempre hay una mirada profunda a los cielos, en busca de lo que no se ha podido tener, esa abundancia desmedida y calma, que abastece siempre. Una mirada desde cada escala social, porque ninguno se escapa a la reconstrucción de la vida, en espacios y tiempos justos…
La s riquezas del espíritu en gran manera son de felicidad, y las carencias las decadencias, esta transición producto de una metamorfosis rutinaria que manifiesta el Ser, el sentido de una personalidad e identidad que va afianzándose con el transcurrir de las experiencias. Es precisamente en este cambio de estados, en el que se amerita la actitud de riesgo, de osadía, de enfrentar la problemática de los caminos viejos, los momentáneos, generados de improviso por la crudez del mismo entorno.
Es esencial que la sensibilidad, el pensamiento y la acción, asuman la integridad, un despertar un acompañamiento fuerte en valores que impliquen despejar con esmero lo que atañe la prosperidad, y proyectarse a revitalizar al espíritu, a construir las esperanzas no a soñarlas, a reconocer sin apego su verdadero ser, a aceptar que la vida es un ave de paso, a darse los estímulos y las oportunidades oportunas, amarse como único recurso de vivir plenamente.
¿Qué mano palpó ayer en la sinagoga
mi rostro ausente?
Ahora recuerdo qué tan vivos
estaban mis sueños…
Sólo quiero ser el rastro
de mi verdadera existencia.
Siempre Hay un Camino Seguro
El menospreciar lo que hace el otro, lo que no tengo, me hace poseedor de gran ruindad; sólo vemos marchitarse la vida detrás de quienes creen que tienen la razón. No hay otro fuera del “Yo” que somos, y sin llegar a discernir, la filosofía de la sociedad como pan diario refuta, pero no se aprende a vivir en paz, a practicarse en el verdadero proceso educativo. Cuando se evade la tarea de comprender en realidad lo que somos para poder entender al otro, se genera una forma de vida confusa, atrapada en un ambiente de engaño, de egoísmo. Se pretende respetar cuando no se tiene la conciencia del valor y en su contexto sólo se ejercita la palabra para impulsar un crecimiento personal que no ha nacido todavía.
Se estereotipa la vida cual si fuere dibujo animado para el consumo de aquellos que pretenden permanecer engañados en su propio cuerpo. Hasta se desestima el poder del vivir dignamente creyendo que materialmente ya se tiene todo, y el triunfo es ser protagonista de una condición de vida aparentemente buena, sin valores sin afecto sin tranquilidad y sin salud…
Pero es esta misma premisa la que abre la brecha a la gran necesidad de ejercitar el consciente, de identificar lo que somos, de avivar la esperanza… Siempre hay un camino que enmarca la salida, que espera cuanto es necesario la decisión de ser, querer y saber hacer; un camino que desafía a vislumbrar la posibilidad de ser mejor persona, querer el bienestar de todos y saber hacer para convivir sanamente donde la diversidad nos estimule a aceptar la diferencia en el otro. Un camino que trasluzca el sentimiento vigoroso de reprender de inmediato lo que no sirve para transformar el pensamiento nocivo en una alternativa de completo desarrollo humano, donde el cambio de actitud convenga a todos. Abandonar la otra personalidad, la que no pertenece, insinúa un camino siempre nuevo, el propio, del Ser, brindando la oportunidad de amarse así mismo para poder vivir en comunidad.
Y si me deja un poco…
podré besar hasta sus orejas,
en tanto que se ría el vulgo
mientras intento amarle.
Siempre hay una mirada profunda a los cielos, en busca de lo que no se ha podido tener, esa abundancia desmedida y calma, que abastece siempre. Una mirada desde cada escala social, porque ninguno se escapa a la reconstrucción de la vida, en espacios y tiempos justos…
La s riquezas del espíritu en gran manera son de felicidad, y las carencias las decadencias, esta transición producto de una metamorfosis rutinaria que manifiesta el Ser, el sentido de una personalidad e identidad que va afianzándose con el transcurrir de las experiencias. Es precisamente en este cambio de estados, en el que se amerita la actitud de riesgo, de osadía, de enfrentar la problemática de los caminos viejos, los momentáneos, generados de improviso por la crudez del mismo entorno.
Es esencial que la sensibilidad, el pensamiento y la acción, asuman la integridad, un despertar un acompañamiento fuerte en valores que impliquen despejar con esmero lo que atañe la prosperidad, y proyectarse a revitalizar al espíritu, a construir las esperanzas no a soñarlas, a reconocer sin apego su verdadero ser, a aceptar que la vida es un ave de paso, a darse los estímulos y las oportunidades oportunas, amarse como único recurso de vivir plenamente.